domingo 7 de febrero de 2010

Hablé de tí con un perfecto desconocido mientras tomaba vino tinto y comía jamón serrano en el centro de Barcelona. Miles sonaba. Te pensé, pero antes de extrañarte te esfumaste.
Sé que me quedaré ciega demasiado pronto por escribir y leer con poca luz. Que el asma terminará matándome si no me alejo del cigarro vespertino, de la paz de vivir en el cerro o de los lugares fríos. Sé que mi cuerpo completo resiente el peso de los años como si fuera muchos más. Es el precio a pagar por vivir demasiado rápido y frenar de golpe sin tener el cinturón de seguridad puesto.

El fin de semana se me ha ido en escribir. En leer poetas rusos desconocidos, podar las rosas, hibernar un rato en casa de mi abuela, tomar café, escribir pendientes y pequeñas notas en la Moleskin que era tuya y ahora es mía. El tiempo se me pasaba antes queriendo que llegara el futuro, el tiempo se me pasa ahora sin pensar el futuro, no sé qué será mejor, no me importa.

Los días se me han pasado demasiado rápido. Tal como se anunció la boda de mi hermana, llegó y pasó junto con sus desórdenes hormonales, crisis nerviosas, dramas familiares y crisis económicas. Mis hermans y sus maridos, mi papá, mi tía la bruja y sus predicciones desastrosamente acertadas. Conversaciones sobre fútbol, vino, comida, anécdotas familiares, espacios largos de silencio llenados sólo con las risas de mi pequeño y las bromas ociosas de sus tías.

La familia es lo más cercano y lo más lejano que tengo. Son quienes me conocen desde hace más tiempo y quienes menos me conocen. La soledad fue la única constante en todo el viaje. La obligación de ser y parecer, de justificar mi estado civil, laboral, mi corte de cabello, lo alto de mis botas, lo extenso de mis viajes, lo tórrido de mis romances. Dejé de justificar en cierto momento y la silla vacía que siempre hubo al lado mío la llené con mi pashmina y mi cámara fotográfica, una cerveza y papel y pluma para tomar notas de cositas que se me iban ocurriendo.

Dejar España fue liberador. Fue dejarla a ella y dejarla sabiendo que sería feliz, que estaba segura y completa, que tendrá una cama tibia y con quién hacer el amor para entibiarla en las noches frías. Nueva York fue una historia distinta. La ciudad y yo tenemos un amor como los que me persiguen, intensos, fugaces, tormentosos. En ratos fue adorable y en ratos fue terrible. Mi único objetivo fue acompañar a mi mejor amiga a reencontrarse con el amor de su vida y creo que mi labor de dama de compañía fue aceptable.

Poco hay que hablar de mi viaje, nada extraordinario, nada trascendente. Viajé pero seguí donde mismo. Los fantasmas también van en la maleta, las tristezas, las penas, los miedos ... todo me siguió a donde quiera que fuera. En las calles desiertas, en el metro atestado de gente, en la discoteca, en el café, en las salas de espera, en el avión sobre las nubes y sobre montañas nevadas, ahí iban todos ellos, mis fieles acompañantes, mis parásitos.

Regreso y salen de la maleta para acomodarse donde mismo pero por lo menos ya estamos en casa. Esconderme en la rutina es como meterme bajo la cama, recuperar aliento como dice mi amigo clarinetista... a veces es de vida o muerte.


Ochi Chernye
Una de mis canciones favoritas en la voz de Sophie Milman.
Letra original del poeta ucraniano Yevhen Hrebinka

¨Dark eyes, flaming eyes
They implore me into faraway lands
Where love reigns, where peace reigns
Where there is no suffering, where war is forbidden¨

martes 26 de enero de 2010

Menos kilos, menos problemas, más dinero, más viajes, menos estrés, menos asma, más sonrisas, menos maquillaje, más zapatos, más amigos, menos fantasmas ... mi vida va bien. Sólo falta un poco más de sexo y la vida se habrá portado super guay conmigo.
Lo he visto llorar mucho más seguido que jamás en mi vida.
Supongo que con el tiempo, los años, los golpes, todo se dobla, incluso él.

No puede evitar preguntarme que si yo para cuándo ... a veces lo pregunta en silencio viéndome a los ojos, a veces me dice sólo que está preocupado por mí y otras como hace poco se le sale y le dice al chile, que si yo para cuándo.

Mi papá nunca estará tranquilo hasta que me vea casada (de nuevo). Para mi papá el que yo esté con un hombre le asegura mi estabilidad y mi felicidad. No importa cuántas veces le explique mi elección de vida, no importa cuántas veces le haga entender que soy feliz, que no necesito casarme de nuevo, que yo no soy esa ni ese camino, no importa.

En la boda de mi hermana fui la única con silla vacía a su lado. Mi pequeño en la mesa de los niños más divertido que nunca, mis hermanas y la hermana del novio con sus respectivos esposos. En mi silla vacía puse mi Nikon y mi abrigo blanco de fiesta, mi pashmina morada y mi cajetilla de cigarros pensé que si esos son mis compañeros para las próximas fiestas no la pasaré tan mal.

Presencié la crisis pre boda, las peleas maritales de mis dos hermanas y sus respectivos maridos, fui testigo de la boda y portadora del brindis donde preferí no meterme con la idea del matrimonio ni la fidelidad ni nada de eso porque les cortaría la inspiración, comí, bebí, bailé, descansé cuando tocó el turno del baile de parejas.

La soledad es relativa. Esa noche durante la fiesta me sentí feliz. Hoy esta noche en el sofá escuchando jazz me siento feliz. Mis momentos miserables han tenido siempre compañía.
La soledad es relativa.
Demasiada comida demasiado buena.
Carpaccios, ensaladas, jamón, quesos, panes caseros, tortilla de patatas, pulpo a la gallega, fidewa, paellas, tapas y más tapas.
Cava, vino blanco, tinto, cerveza.
Tengo mucho más que escribir sobre este viaje pero por lo pronto esto es lo único que me viene a la mente ... buenas noches desde Barcelona.

lunes 18 de enero de 2010

Botas, jeans, camiseta gris y la chamarra verde que le mandó su tía de Londres.
Su maletita color naranja en una mano, su maleta verde militar a los hombros.
Artefactos tecnológicos infantiles para aguantar el trayecto, el libro que todavía no termina, un dominó y un juego de cartas para practicar sus trucos de magia.
Me dijo antes de dormir que estaba emocionado y contento. Cuando se quedó en el aeropuerto lo vi feliz, con esa sonrisa que pone en ocasiones especiales como cuando termina un lego de alto nivel de dificultad, mete un gol en el fútbol, compone una nueva canción en la guitarra, lo recojo de la escuela de forma inesperada o me gana en el Jenga.
Mi niño se va a Europa: Barcelona, Madrid, Palma de Mallorca.


Pensé en mí a los 9 años. En mis juegos y mis amigos que aún conservo. En las broncas diarias de mis padres, mi bisabuela que nos obligaba a rezar el rosario a diario, en mi prohibición de salir a jugar a la calle con los vecinos, en lo pequeño que era mi mundo del apartamento donde vivíamos 6 personas y en lo vasto que sabía que era el mundo de afuera.

El mundo es vasto y mi pequeño ha comenzado a recorrerlo.

martes 12 de enero de 2010

Hoy terminé de empacar la maleta con sus cosas.

  • Dos pares de zapatos, unos blancos y otros negros pues no sabe por cuáles se decidirá.
  • Un bolso de coctel negro tan adorable que me duele saber que no volveré a verlo de regreso.
  • Pashminas: una blanca y otra blanca con flores negras, pues no sabe por cuál se decidirá.
  • Aretes y pulsera de brillantes, de esos que jamás uso ni usaría pero que en ella se verán adorables, tiernos, divinos.
  • Perfume para su gran día. Tengo una extraña e infundada seguridad de que es exactamente el que hubiera elegido mi madre para ella.
  • Ballerinas negras para cuando los tacones la cansen que me hacen recordar los días en que la llevaba a su clase de ballet y el día en que por falta de dinero tuvo que dejar de asistir, me dan ganas de llorar.
  • Meto además chile Tajín, recuerdo su adicción a las naranjas con chile.
  • Harina para hot cakes. Aparentemente es más difícil de conseguir en Europa de lo que pensaba (bueno, nunca he pensado en conseguir harina de hot cakes en Europa).
  • Chocolate Abuelita.
  • Bálsamo de labios al que es adicta, 1 dólar en WalMart cada tubito, imagino que será lo que más le emocione de la maleta.
  • Regalitos para su nueva suegra y su nueva cuñada.
  • Vestido de novia.
Una nota que dice ¨te quiero¨ ... no puedo decir nada más, no puedo decirle que siento que la he perdido, que me aterra pensar en volver a verla y no reconocerla, que detesto la terrible distancia entre nosotras, que sueño todas las noches con el accidente que tuvimos juntas y despierto sudando frío.

Detesto las cursilerías que esta boda me hace pensar y sentir ... ya que pase por dios !!!


Nina Simone
Wild is the Wind
(mi versión favorita)

domingo 10 de enero de 2010

La gripe intensa hace patente tu soledad, por eso te molesta tanto enfermarte.
Tu voz cambia, tus expresiones, tu mirada.
Te vuelves frágil y deseoso de abrazos, besos y cariños.
De todos esos que poseo y guardo sólo para tí.
Ven y tómalos.
Sólo te uso un momento, luego te abandono, semental.
Qué necesidad tengo de tu galope si el mío es más rápido?
Voy más de prisa que tú.

Fragmento de Canto a mí mismo de Walt Whitman.




-Rústico, qué es esa cosa que te veo que así te sale hacia afuera y yo no la tengo?
-Oh, hija mía dijo Rústico-, es el diablo de que te he hablado; ya ves, me causa grandísima molesta, tanto que apenas puedo soportarle.
Entonces dijo la joven:
-Oh, albado sea Dios, que veo que estoy mejor que tú, que no tengo ese diablo.
Dijo Rústico:
-Dices bien, pero tienes otra cosa que yo no tengo, y la tiens en lugar de esto.
Dijo Alibech:
-El qué?
Rústico le dijo:
-Tienes el infierno, y te digo que creo que dios te haya mandado aquí para la salvación de mi alma, porque si ese diablo me va dar ese tormento, si tú quieres tener de mí tanta piedad y sufrir que lo meta en el infierno, me darás a mí grandísimo consuelo y darás a Dios gran plancer y servicio.
La joven de bena fe, repuso:
-Oh padre mío, puesto que yo tengo el infieron, sea como queréis.
Dijo entonces Rústico:
-Hija mía, bendita seas. Vamos y metámoslo, que luego me deje estar tranquilo.

Fragmento de El cuento de Alibech de Giovanni Boccacio.




Gracias ... adoro mis regalos de la FIL.
Caja de cartón con tape gris.
Adentro papel de colores cortado meticulosamente como confetti pero más grande.
Morado, rosa, azul, negro, blanco.
Bajo la capa de papelitos otra caja, rosa, muy rosa.
Moño de listón negro de bies blanco.
Adentro un pequeño frasco de perfume curiositamente envuelto por supuesto.
Una tarjeta personalizada agradeciendo la compra.
Un porta trajes perfectamente doblado con la marca en grandes letras color marrón.

Abro el cierre del porta trajes y todo es blanco, lo extiendo sobre la cama y prendo la luz para contemplarlo como se debe.

Diminuto, encaje delicado, pequeños olanes, cuello mao, escote tipo halter, banda de satín negro, corte imperio, cae hasta el psio y es tan delgado que automáticamente pienso algodón de azúcar ... nunca he visto uno blanco pero este vestido parece algodón de azúcar blanco.

Es el vestido de novia perfecto para mi hermana, nos quedamos en silencio él y yo unos minutos, y luego, justo antes de que me gane el sentimentalisto empaco todo perfectamente de nuevo y lo meto en su porta trajes de grandes letras, en su caja muy rosa y le coloco el listón negro de bies blanco.

El confetti, mmm ése me lo quedo yo.

miércoles 6 de enero de 2010



I´m going In
Lhasa de Sela

¨I'm going in I'm going in
This is how it starts
I can see in so far
But afterwards we always forget
who we are
¨

lunes 4 de enero de 2010

Ya vienes mi amor, lo sé.
Hoy nos dieron la primera buena noticia en tanto tiempo y dormiré con una sonrisa dibujada en la cara gracias a eso, por primera vez en muchas noches.
Anhelo tus besos, tu abrazo y el sonido de tu voz. Tu cuerpo recostado en el hueco enorme que hay a mi lado desde que no estás, tus risas ocupando el silencio que desespera, tu presencia llenando el vacío que me rodea.
Ya nada de lo que fuimos somos, ya nada de que fue es, ya nada de lo que pasó existe.
Nada de lo que sufrí contigo me queda, ni nada de lo que reí contigo guardo.
Eres pasado, una pesadilla mediocre que fácilmente se olvida, un instante.


Hoy me enteré que Lhasa de Sela, una de mis cantantes favoritas falleció el 1 de enero de cáncer de seno. 37 años.

Me dolió porque su música me acompañó en los momentos más oscuros o sublimes de mi vida, depresiones, noches de insomnio, desamores, fracasos. Me acompañó en aquel día en el que decidí volver a la vida, en el que dí vida y en el que decidí no darla.

Hoy me ha invadido una profunda tristeza, de esa tristeza auténtica y callada, silenciosa y mermante.

Vi mis senos, los toqué, pensé en el alto porcentaje que tengo que tengo de sufrir cáncer yo también y por primera vez en mucho tiempo sentí miedo. Porque entre más pasa el tiempo más razones tiene uno para vivir y menos días le quedan a uno. Me traté de imaginar si uno de ellos, sin cabello, aquel color amarillento y olor a fétido que produce la quimioterapia, la mirada de un ser que lucha por vivir cuando el organismo se empeña en renunciar.

Hoy tuve miedo a que llegue el día en que mis exploraciones esporádicas encuentre un bulto que me cambie la vida. Miedo aún más a que no lo detecte y simplemente aparezca.

El miedo es la peor enfermedad y hoy creo que me enfermé de miedo.


lunes 28 de diciembre de 2009

Boletos de avión, muchos, tantos que me confundo, cuál es la clave, el aeropuerto, llegar y salir, tomar a tiempo la conexión para no perder el siguiente en una lista interminable de conexiones que me llevan de un extremo al otro del mundo y luego de regreso y luego al otro extremo.
Tengo los trocitos de papel con claves de cinco dígitos y una maleta vacía. No tengo ganas de empacar, no tengo ganas hacer mis obsesivas listas de todo lo que debo llevar ni hacer compras específicas de artículos que ¨necesito¨.

Sólo quiero que llegue el día. Olor a aeropuerto, a sala de espera, pésimo café y un libro enorme, fotos mentales de gente desconocida con maletas de todos tamaños y colores, aviones que van y vienen, que se estacionan en hileritas. Conversaciones de 5 minutos con extraños en las que decimos tantas cosas que no diríamos a los conocidos. Cálculos erróneos de edad, estado civil, ánimo, el juego de las adivinanzas con los extraños que se acomodan a un lado de mí cuando me abrocho el cinturón de seguridad.

La cinta donde desfilan las maletas, los oficiales de seguridad malencarados, las miradas de extrañamiento cuando ven mi pasaporte mexicano y mi librito lleno de visas, taxi, tren, autobús, subterráneo, nuevas calles, nuevos olores, nuevas personas.

Mmmm, ya casi, mi dosis de evasión de la realidad cotidiana es urgente y necesaria.
Había olvidado el color rosa.
Los monitos rosas, el suetercito rosa, la casita rosa con su patio y un perrito de plástico rosa.
Había olvidado lo mucho que me gusta cuando las cosas son color de rosa.
Habrá quien llegue aquí en búsqueda de respuestas.
No las busquen, no están aquí... simplemente no existen.

viernes 25 de diciembre de 2009

5 horas cocinando el pavo.

Después de todo lo hago sólo cada dos años por lo que el ritual debe hacerse completo.
Relleno, puré de papa.
Romero fresco y menta en los floreros de porcelana de mi madre.

El inhalador en la bolsa derecha y el teléfono en la izquierda. Ni el asma ni los pendientes de trabajo me han dejado en paz desde hace días.
Una botella de vino me acompaña en mis labores, voy emborrachándome sola hasta que comienza a llegar la gente.

La chimenea encendida, los niños jugando afuera, desfile de ensaladas y postres, guisos extraños y olores intensos pero deliciosos.
Luces de bengala en el patio de atrás. Invitados no contemplados como siempre pero como siempre bienvenidos.

Al sacar el pavo del horno y ponerlo sobre la mesa para rebanarlo recuerdo a mi madre. Hace muchos años habrá sacado el pavo del mismo horno y lo habrá puesto en la mesa de la misma forma. Ella se estresaba menos pienso yo, lo hacía todo siempre sonriendo. Yo busco el dorado perfecto, la rebanada simétrica, la repartición abundante, que todo esté caliente, que la sidra y el vino se sirvan para poder hacer el tradicional brindis.
Comemos, tomamos, platicamos, reímos, contamos anécdotas de los viejos y siempre mejores tiempos.

Todos abren sus regalos, como siempre la única que no tiene soy yo pero no importa. Mi regalo fue que ese méndigo pavo quedara jugoso y rico, si! Me siento la super mujer porque el pavo está comestible y recibo halagos por mi comida.

La gente comienza a irse, la chimenea calienta menos, recojo los papeles de regalo, las ollas sucias, los restos de comida, vacío las copas y los vasos.
El pequeño va a su recámara y comienza a jugar con sus regalos, se pone pijama.
Yo me siento en el desayunador y respiro profundo, mi vestido corto tiene una mancha de puré y un poco de pastel. Mi labial rojo se está despintando.

Lloro ...

La soledad no perdona, no se va sólo porque llegue gente.
Me prometo que será la última vez, la última.
Ni una más sin tí, ya no.

sábado 19 de diciembre de 2009

Hoy hubiera querido haber tomado más fotografías.
En parte me pasa que me gusta tomar fotos mentales más que con el aparato.
En parte siento que invado la privacidad de la gente cuando en lugar de mi cara ven un lente.
Pero hoy estuve revisando ese rollo de fotografías mentales que casi tenía olvidadas y deseé haber tenido un recuerdo tangible de ese lugar.
Lo vi sólo desde la ventanilla del autobús donde estuvo estacionado unos 30 minutos.

Antes de llegar ahí campos de girasoles, después de ahí campos de trigo, pero justo en ese punto, sólo hay desierto y polvo. Ese polvo que se pega a la cara, las manos, que oscurece las gafas y se queda pegado en la ropa, que tiene olor pero que no mancha, es claro, arenoso, finito.
Había poca gente en la calle. Hombres con sus portafolios y sus trajes baratos. Nadie ve a los ojos a nadie. Nunca una mujer sola. Estaban en grupo siempre pero en silencio.

Una chica cubierta de la cabeza se bajó de una camioneta con un señor mayor quien supongo era su padre. En el carro más mujeres, supongo madre y hermanas despidiéndose de ella. El padre subió al autobús con ella, se aseguró de que nadie se sentara a su lado y luego simplemente salió del autobús y se fue.

Una señora viajaba con un niño pequeño de 1 año que parecía enfermo de gripe, tosía y lloraba. Su marido iba a su lado dormido desde que se sentó como si viajara totalmente solo. A lo lejos edificios altos de apartamentos, todos del mismo color, color polvo, color arena.

Todos suben y bajan del autobús en silencio. Aquí nadie me mira, pero nadie mira a nadie. La soledad podía respirarse, beberse, palparse. Sentí tristeza y ganas de llorar. El autobús cerró la puerta, comenzamos a avanzar y una chica frente a mí se acomodó el pañuelo sobre la cabeza y sollozó por unos minutos.

El paisaje de ese lugar, las caras de esa gente, todo ese rato se me quedó tan grabado que a veces lo sueño. Cuando salí a fumar hace un rato pude oler ese polvo y sentir esa tristeza,y llorar un rato.


The Band's Visit (Bikur Ha-Tizmoret)
2007
Dir. Eran Kolirin

viernes 18 de diciembre de 2009


Te he negado.
Te he odiado.

Me he olvidado de tí como quien olvida las llaves antes de salir de casa, da coraje, frustra, se piensa en lo necesarias que son y recuerda uno entonces la copia escondida bajo el tapete y la vida sigue, de las llaves viejas ni quién se acuerde.

Siempre te escucho, pero a veces me ha importado menos aquello que me has dicho.
Me has hecho reír algunas veces con tu coraje y tu enojo.
Me han entrado mientras te pienso y a veces cuando no te pienso.
He besado sin desear que fueras tú.
He escrito líneas sin dedicatoria para tí.


Eso me hace amarte menos? No.
Cuando veo hacia atrás sólo me doy cuenta de que te sigo amando y punto.
No más, no menos, el amor ahí está, no se va.
Y sigues siendo tan mío como puedes ser y sigo siendo tan tuya como lo puedo ser de alguien. Me ha dejado de dar miedo pertenecerte.

Dicen que hoy en día no se engaña a nadie. He dicho los te amos que han querido escuchar. He dicho los te odios que han merecido. He besado con ternura cuando he sentido que sin ese beso ése otro desfallece. He besado con pasión cuando he sentido que sin ese beso ése otro seguiría dormido.

Te amo.
No hay caos ni orden, hay lo que hay y lo que hay es amor.
De cuál? No sé.
Del que soy capaz de dar, del único que me sale, que es torpe y compartido, apasionado y melodramático, cínico y desgastante, de carcajadas y cajetillas de cigarros vacías, de mucho alcohol y poco sueño, de sexo y saliva, de tiempos y destiempos, del aquí, el ahora y el algún día donde no existe el mañana ... porque me aburre, porque me enfada.


domingo 6 de diciembre de 2009

Aunque no escriba en el blog siempre escribo en mi cuaderno. O en servilletas o post-its de colores, o en los recibos del mandado o las notas de la tintorería, en los sobres que guardan los mensajitos de mi banco, hasta en mis manos.
Pero desde hace días que ando perdida (donde siempre me pierdo) en mis asuntos. Nada de cosas lujosas ni fancy, ni interesantes ni remotamente entretenidas.

Me ha tenido perdida la cotidaneidad de mis días. El trabajo que no para, las reuniones, las comidas con pretextos de negocios. Poner el árbol de navidad, comprar nochebuenas, las gripas invernales, las conversaciones por Skype con las hermanas y las peleas de siempre con el hombre de siempre.

Cocinar un poco, limpiar un poco, dormir un poco, leer un poco. Todo en poquito, comer poquito, beber poquito, ni siquiera una buena borrachera me ha dado tiempo de ponerme, o de terminarme una cajetilla de cigarros como suicida completamente decidida a lograr su cometido.

Dos talleres de narrativa, uno del que sólo toleré una ¨clase¨ que me dejó francamente decepcionada y asustada por su mediocridad. Otro, buenísimo, del que sólo tuve dos sesiones que fueron una quitándole que alumnos y maestro llegábamos tardísimo por la cruda de la fiesta anterior.

Conversaciones ociosas sobre la hermana que próximamente se casa, que si este o el otro vestido. Que no sabe que mi preocupación es el recibo del agua que tengo atrasado y la gotera del baño? Bueno, ella qué culpa tiene, seguiremos revisando vestidos y combinaciones de colores para la recepción.

Mi ex marido se casa (por fin) y con eso le daré un uso práctico a ese documento llamado divorcio que para mí fue más simbólico que pragmático. Mi naturaleza destructora busca ponerle final concreto a los finales abstractos, el documento fue el que fijó la hora de muerte, la declaración de fallecimiento, el certificado de defunción de mi matrimonio y que ahora le sirve a él para iniciar de nuevo, abrir nuevos ciclos, hacer una nueva vida, meterse de nuevo en las complicaciones cotidianas y monstruosas de la vida en pareja que bueno, hacen a veces a la vida, pues bastante más vivible.

Una esporádica noche de fiesta con las amigas de la universidad que siguen siendo mis mejores amigas. Cerveza, conversación sobre textos académicos sobre definición de la cultura, whisky, conversación sobre análisis del discurso y una ponencia en proceso de creación, a la par de hablar de manualidades navideñas con una compañera maestra de kínder, tequila, conversación sobre hombres y sexo, champaña, delirio sobre la vida, el futuro, el miedo, la frustración y la muerte. Monólogo a tres voces.

Comprar fruta, siempre poca porque eso de ser dos en casa hace que todo sea más pequeño y en menores cantidades. Comprar una licuadora por lo linda que se veía en ese color rojo maravilloso y el antojo de una crema de brócoli que nadie haría por mí, gajes del oficio de huérfana. Trabajar y trabajar cuando se ha terminado de trabajar. Seguir mandando correos, presupuestos, reuniones eternas, pleneación 2010, corridas financieras. En medio un documental que le pone pausa a todo y me devuelve la sonrisa dejándome una marca en el cuello.

Lloro con el vestido de novia de mi hermana-hija que se casa en unos días. En medio de todo padezco los peores fríos en 5 años, muchas cobijas, mucho té, mucha franela, el frío no cesa y mi incapacidad para encender la chimenea sólo genera una mentada de madre al mundo porque nací mujer inútil para encender chimeneas.

Llamadas a migración para ver si ya viene, si le dan permiso de entrar a México. Llamadas a mi Nana para saber si sigue mejor del brazo y si ha cocinado algo rico que pueda ir a robarme. Mensajes de texto para fijar citas y reuniones sociales. Facebook enseña de mi vida lo que quiero que enseñe y nadamás, me entretiene la comunicación unilateral.

Hoy algo pasó, creo que las drogas antigripales combinadas con las otras drogas que ya tomaba y vomito palabras.... ufff me he cansado, aquí están por fin enlistadas mis actividades recientes. Todo con fondo de Billie Holiday.

jueves 26 de noviembre de 2009

Apenas hoy sentí que me soltaste.
Gracias.
Me choca este clima.
Se me secan los labios, la piel de las piernas, la cara se endurece, las palabras se quedan sin pronunciarse.
Me da por estar callada. Tomar agua como persona perdida en medio del desierto, por dormir en medio de la cama, padecer insomnio.
Ayer les di de beber a mis plantas y corté los dos únicos higos buenos que se dieron este año. El patio está lleno de hojas propias y de otros jardines.
La nueva mascota me ha dado lástima y la he cambiado de lugar para que se proteja del viento, creo que es el único gesto de ternura que he tenido en la semana.
Cuidado, no se acerque, puedo resultar dañina.

jueves 19 de noviembre de 2009

Me han dicho que es un nervio. Que el estrés produce toxinas que me tienen así.
Recetan pastillas para el dolor y para bajar la inflamación, otros me recomiendan pomadas, remedios caseros de todo tipo, masajes. Casi todo lo he probado y nada me quita este dolor.

Estoy en receso, mis palabras son rehenes de este dolor que no cesa y no me suelta.

martes 17 de noviembre de 2009

Contigo me hice vieja antes de tiempo.

miércoles 11 de noviembre de 2009

Tres tazas de café y píldoras de todos los colores del arcoiris y el dolor no cesa.
Quisiera poder tener unos minutos de descanso por lo menos pero esto no me deja.
Sólo consigo sonreír a medias, trabajar a medias, dormir a medias, estar a medias.

Me molestan los achaques que vienen con la edad.
Receta para el estrés: ejercicio o sexo. El ejercicio me deprime y el sexo escasea.

Seguiré con este dolor encabronado esperando ganarle la batalla eventualmente y poder voltear al cielo de nuevo, besarme el hombro, masturbarme en posición fetal y todas esas cosas ociosas pero maravillosas que hacía cuando mi cuello funcionaba bien.

martes 10 de noviembre de 2009

Me duele.
No me deja en paz el dolor.
No duermo ni descanso ni me concentro.
Sigue doliendo.
Fue un beso perfecto.
Ni mucha ni poca lengua, nu mucho ni demasiado labio. El ritmo perfecto, primero me lo robaste y luego lo saboreaste. Acariciaste mi cabello y mi cuello y mi pecho y nadamás ... le diste su lugar al beso y no lo convertiste en nada más. Confío siempre más en alguien que respeta un beso que en quien no lo hace y entonces confié en tí.
Un cigarro y una conversación interesante como todas las nuestras, una caricia de vez en cuando y de nuevo el beso, ese beso largo y decidido a no ser nada más que un beso.
Fue un beso perfecto y no será nada más que un beso.
Él dice que los momentos que comparte platicándolos a los demás los siente entonces ajenos, menos propios, menos íntimos. Yo jamás he sido buena en eso de ser privada y muchas veces he pagado mis excesos de palabras. Me gusta compartir lo bueno y lo malo, las historias románticas, sexuales, curiosas, tristes, desgarradoras o cotidianas. Me gusta decir lo que siento, pienso, imagino, sueño. Externar mis crisis neuróticas o depresivas, mis vacíos existenciales y mis momentos de éxtasis.
Soy compartidora, platicadora, dadora.

Este cuerpo reniega cada vez más. Exige cosas, tiempo, compañía que no puedo darle. Exige mimos y roces, apretones y penetraciones. Exige descanso, calma, la paz que no conoce pero quiere conocer. Mis ojos detestan ya la luz artificial y quisieran un poco más de sol. Mis piernas se ponen contentas sólo cuando bailan.

Quisiera tener más tiempo para poemas y caminatas largas, para regar las plantas e inventar tés de nuevas hierbas, infusiones que pongan tibia la casa. Mi cuerpo exige un hombro en el cual recargarse y un cuerpo con el cual frotarse, sentir cosquillas y escalofríos, ser conducto de electricidad, ser imán, tener calor.

Mi cuerpo exige más agua y menos alcohol, más brisa de mar y menos aire acondicionado, más sopas y potajes hechos en casa, más mañanas echada en cama respirando periódico. Menos forzar los ojos manejando a media madrugada, menos forzar al corazón tratando de negar el amor que se mete por los poros, menos forzar a la memoria tratando de olvidar cosas que fueron, menos tratar de negar las ganas que surgen cuando lo veo, menos cerveza y más vino, más pastel de zanahoria, más té de hierbabuena, más chile y más tomates con albahaca.

Mi cuerpo pide y exige mimos y apretones, cogidas a deshoras, sonrisas en abundancia, menos lágrimas, menos nudos en la garganta, más gritos, muchos gritos!

domingo 8 de noviembre de 2009

Es increíble el placer que un labial nuevo y un par de tacones altísimos pueden darme.
El invierno que llega demasiado temprano me ha traído varios recuerdos. Memorias del pasado que se cuelan en mis días, fantasmas que regresan en mis sueños y presencias distantes que acompañan los momentos de silencio y los cigarros a medianoche.

A él ya no lo recordaba y regresó a mi memoria con el invierno. Será para siempre el hombre que planchaba las sábanas para mí en los días gélidos para quitarme el frío. El que con un caldo tlalpeño me curó la bronquitis, me llevó serenata con trío, me construyó una casa que se cayó con los vientos de Santa Ana, un perchero y un librero verde. Me enseñó a besar, abrazar, amar. Me enseñó a llorar. Me enseñó a hacer el amor con la luz encendida. Me enamoró de Sabines y de la escritura, de los molletes con chocolate caliente, las enfrijoladas y los brownies con almendras, las carcajadas honestas, los pequeños placeres.

No lo extraño, no lo pienso, no me duele. Fue mi vida y ahora es un desconocido cuando pasa a mi lado o nos saludamos brevemente. A veces, sin querer, se le escapa una sonrisa, una carcajada, una mirada, un gesto que me lleva al pasado por un instante y que no permanece más que eso.

El tiempo es una entidad misteriosa y maquiavélica. Todos somos finitos, el amor, el odio, la pasión, la felicidad, el tormento, los recuerdos.

jueves 5 de noviembre de 2009

Te enojas y te contemplo a lo lejos.
No hago nada.
No quiero hacer nada ni me interesa.
Francamente me da flojera tu coraje y tu rabia.
Me da ternura la fragilidad que expones con tus berrinches.
No puedo sanarte, no puedo ayudarte.
Sólo escucho sin escuchar.
Vomitas palabras y frases sin sentido.

Me alejo.
Me alejo.
Me alejo.
Me fui.

Y tú ni cuenta te diste.


Concha Buika
¨Hay en la Luz¨

Hay en la luz una sombra azul
Hay en tus ojos un hondo penar
Que me lleva a pensar
Que me equivoqué
Y aun no se por qué ...

martes 3 de noviembre de 2009

Tengo miedo.

lunes 2 de noviembre de 2009

Veladora blanca encendida.
Pienso en mis muertos.
El silencio de la casa es interrumpido por el jazz.
Un baño tibio y té de menta.
La inmensidad de la cama.
Un libro y dos artículos me esperan ...

domingo 1 de noviembre de 2009

Es verdaderamente hermoso cuando duerme.
Sin saberlo me quita el frío, las penas, las preocupaciones, me hace sentir trascendente y humana, frágil, me ocupo sólo el verlo y respirar cerquita de su cara, sentir su calor.
Estrena pijama de franela y esconde un Batman bajo la almohada.
Es rico sentirse cada vez más a gusto en mi propia piel.
Disfrutar mi cuerpo y observar gustosa sus cambios con el tiempo. Mis cicatrices son el paso de la vida, las agradezco y las mimo. Mi arruga de tanto fruncir el ceño, mis ojeras, las bolsas bajo los ojos que ya no se resuelven con una siesta.

Todo cambia de textura, la piel es menos elástica, la gravedad se hace presente. El cuerpo exige nuevos remedios y nuevos apapachos. Mi cuerpo es mi casa y es una casa cálida y dulce. De aquí salió vida y a él llega la vida. Corre, camina, se estremece, duerme, duele, siente frío y calor, abraza, acaricia, tranquiliza.

He dejado de renegar por mis curvas agradezco mi altura en los conciertos y cuando tengo que tomar algo de la alacena, colecciono zapatos de tacón que me impulsen hacia las alturas y me paro derechita sin miedo a ser demasiado larga.

No soy perfecta ni intento serlo, las estrías, las cicatrices, la resequedad de la piel que exige mayores mimos para los que no tengo paciencia. La piel exige agua que no bebo, mis ojos sueño para el que no tengo tiempo.
Como siempre que he estado en esos lugares no había mujeres y sorprendentemente había pocos hombres, creo que era una noche floja. Sillones individuales color negro, una cubeta de cerveza, mesas de centro de acrílico simulando ser espejo. Aquí todo es simular, amor, excitación, diversión. El dinero compra la compañía y los besos.

Un gringo habla interminablemente con una mujer vestida de vaquera sentada en sus piernas sorbiendo un trago color rosa. Ella simula escucharlo mientras le acaricia el cuello y le pasa las manos por el pecho.

Del otro lado hay un grupo de tipos en traje sastre. Cada uno tiene una chava sentada sobre ellos. Es un festín de ligueros, transparencias, cuerpos femeninos asquerosamente exhuberantes y otros tantos penosamente infantiles. Ellos platican entre sí mientras cada una acaricia a su dueño por unas horas, se balancean sobre sus pechos, sus miembros, sacan y meten los senos del traje de malla, se arreglan el cabello, les susuran al oído.

En la pista una mujer de vestido negro. Baila una canción de Nine Inch Nails ignorando completamente el ritmo y la cadencia de la rola. Ella se balancea sobre el tubo, la cadena, como en trance, ignorando a todos. Su cuerpo va quedando al descubierno conforme la música avanza y cambia abruptamente de género. No tiene cintura alguna, sus pechos son tan pequeños que sólo sé que son senos porque a lo lejos se ven sus pezones oscuros como los de cualquier otra morena. Lleva una tanga negra con laque juega un rato con la misma flojera, como rogando que el tiempo pase rápido y por fin pueda bajarse de ese pequeño tablón a media luz.

Yo sigo tomándome una cerveza cuando escucho que me gritan -Mamá!- , dios de mi vida seguro que no es a mí que mi hijo no tiene edad para venir a estos lugares. Una chica vestida de abeja como yo se me acerca emocionadísima porque estamos disfrazadas de lo mismo y pide tomarse una foto conmigo. Que una stripper se quiera tomar una foto contigo es una invitación especial si esto es gratis así que digo que sí, con mi cámara por supuesto. Tendrá 16 o 17 años, seguro que no más. Le digo que no me chingue que con mucho gusto seré su hermana mayor pero que para mamá no me alcanzan los años. Agradece, mueve sus alitas y se despide diciendo que tiene que ir a la pista.

El gerente viene y me invita a bailar con ella en la pista, le digo que no muchas gracias y sonrío. La abeja se balancea torpemente con su cuerpo de niña, cae al piso y se retuerce frente a un grupo de jovencitos gringos que se acaban de acomodar frente a ella. Coquetea con el más guapo de todos, le da un beso en el cuello, se quita el traje de abeja frente a él, se da la media vuelta y sobre la pista le enseña el trasero y sonríe inocentemente, lo ha dejado picado y en un rato saldrán del lugar juntos, tendrá servicio completo.

Una mujer con vestido de bailarina árabe color azul sonríe a lo lejos conmigo y se acerca a conversar porque dice que la noche está floja y no hay muchos clientes. Es blanca de cabello negro, finita, preciosa. Me cuenta que tiene 40 años y me muero de la envidia al ver sus pechos parados de quinceañera totalmente naturales y su vientre plano como la mesa. En las arrugas de la cara se le nota la vida aunque trata de disimularla un poco con el maquillaje. Me cuenta que tuvo un marido que le pegaba al punto de mandarla al hospital. Ella trabajaba en una maquiladora y a veces limpiando casas. Un día le pegó tan fuerte que la dejó inconsciente y cobró porque abusaran de ella sus amigos. Cuando abrió los ojos decidió dejarlo al mismo que tiempo que su trabajo y comenzó a bailar quitándose la ropa. -Bendito Dios que me dio este cuerpo o qué les hubiera dado de comer a mis hijos-. Le hacen seña de que tiene cliente, me da beso en la mejilla y se va a trabajar.

Otra bailarina se acerca a conversar con mis amigas y conmigo. Admira el tatuaje que cubre la espalda de mi amiga y enseña orgullosa los suyos. Un par de alas en la espalda, una media luna bajo el ombligo, una fila de cruces en la zona lumbar, un dragón en la nuca, una sirena sobre el tobillo. No es especialmente bonita ni tiene un cuerpo espectacular. Es demasiado delgada, poco busto, poco trasero pero un cuerpo armonioso y simétrico. Cabello largo hasta la cintura que huele a cigarro y a sexo a metros de distancia. Tiene un caminado especial, como de reina y una sensualidad que derrocha al tomar el cigarro y sonreír, lo tiene natural y es abrumador. Está en perfecto control de sí misma y tiene un poder de seducción que conoce y aprovecha.

A los pocos minutos le toca subirse a la pista y todo cambia. El piso antes pulido por el sudor de las otras chicas se comienza a llenar de billetes de a dólar y de a 20 pesos. Baila precioso y pienso que debe haber tomado clases de jazz porque sus habilidades son impresionantes. Maneja perfectamente su cuerpo, su cabello, la sonrisa, aprovecha todos sus encantos y se muestra ganosa, contenta, excitada. Me acerco a ponerle 20 pesos como muestra humilde de mi admiración -gracias bonita- y sigue bailando contoneándose.

Un shot de tequila cortesía del gerente que no era menos que Don Julio porque estaba delicioso, una cerveza más, mi sillón negro, la abeja se despide ... ha sido una noche interesante.
Iba verdaderamente cruda y desvelada, quizá esos factores influyeron un poco en mis parámetros del dolor pero lo dudo, creo que fueron sólo culpables de mis escalofríos y mi cara de enferma terminal. Fue un dolor extraño, agudo pero ligero, podría decir que hasta disfrutable pero no quiero que se escuche demasiado enfermo.

Hace tiempo ya que me tatué y ahora tomé la decisión de ponerme un segundo tatuaje. Hay algo primitivo y especial en pintar mi cuerpo para siempre, en imprimir huellas que no se velan con el tiempo y que estarán marcadas mientras viva.

Anoche soñé que me tatuaban una enorme enredadera sobre la cadera y se extendía hasta el muslo. En el sueño me dolía y me gustaba, podía sentir la aguja cada vez que se introducía en mi piel y ver la tinta y la sangre goteando de a poco sobre un sillón blanco.

En mi sueño me quedaba dormida ... cuando despertaba la enredadera había floreado y había pequeñas flores de colores colgando sobre mi cuerpo. Fue un sueño bello.
Comenzar a publicar ha sido emocionante pero también estresante.
Ya no escribir sólo por inspiración o meras ganas sino por compromiso, tener deadlines, cuadrar mi tiempo para disciplinarme a escribir con horario y mejorar la técnica pero sin que hacerlo le quite lo divertido y lo catártico.

Ver mis textos en papel ha sido una experiencia surreal y padrísima.

martes 27 de octubre de 2009



Stan Getz
People Time
Del álbum Café Montmartre


song for a cold october afternoon ...


El documental "Welcome to Tijuana" de Small Planet Productions para la cadena ERT de la televisión griega exhhibe imágenes y testimonios de la guerra que se vive en Tijuana contra el crimen organizado, en éste se muestran escenas crudas y se retoma el caso de la balacera de La Cúpula, ocurrida el 17 de enero de 2008.

* * *

Hoy pasando por Loma Blanca para ir a trabajar pasé por la escena de una balacera. Dos patrullas se me atravesaron apuntando sus armas hacia todos imponiéndose con el objetivo de cruzar la carretera en sentido contrario.

La balacera había sido un poco antes. Fue un enfrentamiento entre criminales vestidos con uniforme de grupo táctico y policías municipales que fueron emboscados. Durante el tiroteo dos jovencitos que iban a la escuela salieron heridos, una chavita de 15 años falleció en el Hospital General de Tijuana.

* * *

La violencia de las ciudades entre las que transito me duele siempre y creo que como cualquier relación enfermiza a las que puedo volverme adicta, ésta también, inevitablemente, debe llegar a su fin.

domingo 25 de octubre de 2009

De nuevo del amor al odio en 24 horas ...
mo locura y mi neurosis son contagiosas sin duda.
Cuándo dejar de cometer los mismos errores que inevitablemente llevan a las mismas consecuencias?

Cuándo parar de practicar las mismas manías, cuando abandonar los malos vicios, cuándo sanar las heridas para poder volver a creer de nuevo?

Cuándo bajar la guardia y abrir los brazos sin miedo, cuándo dejar de arruinar los momentos, hablar de más, cuándo dejar de exasperar, cuándo permitir que me amen sin oponer resistencia?

Cómo saber si es corregible o crónico?
Hoy extrañé Londres. Extrañé Londres con mi hermana, salir del apartamento y saludar al dependiente turco de la tienda de abarrotes donde compraba mis cigarros y botella de agua. La estación del subway, gente subiendo y bajando. De forma ordinaria debo decir que Londres no sería una ciudad que me atrajera pero el estar ahí con mi hermana resultó ser una experiencia mucho más agradable de lo que esperaba.

Le tuve nostalgia al abrir la ventana de mi cuartito y ver ese cielo siempre nublado, tomar jugo de naranja y bajar al segundo piso envuelta en una toalla a checar si la regadera que se comparte con todos los del edificio estaba disponible. Dos regaderas y dos excusados para 10 departamentos. En mi habitación una cama pequeñita, un refrigerador de la misma proporción, una mesa de noche donde mi hermana me tenía siempre una revista y una velita, el lavabo, perfecto para mí.

Los horarios son distintos en la vida de mi hermana, no hay desayuno porque la noche siempre termina de madrugada en el trabajo o con los tragos ocasionales con el novio o los amigos. Comida italiana o mexicana a las 12 del día, la cerveza se consume desde las 10 am. Allá pensé en los huevos rancheros, los chilaquiles, las tortillas y muchas otras cosas que no consumo regularmente pero que a la distancia pareciera que fueran una necesidad del organismo.

Londres con sus pubs llenos de gente a todas horas, hordas de gente entrando y saliendo del subterráneo, puertecitas pequeñas, calles amplias, gente de todas razas y maneras de vestir, nadie me miró a los ojos, todos pasan corriendo sin reparar en el mendigo, la niña jugando con el globo rojo, la pareja discutiendo, una señora ya grande con cara de angustia y extraviada.

Raro como les tengo añoranza a los lugares más lejanos y distintos a mi mundo, donde fui una desconocida, donde me pude perder sin siquiera desearlo pero donde encuentré tantas cosas de mí misma.
Mi boda fue una boda sui generis, especial y encantadora. Tan especial y encantadora como una boda pueda ser cuando se tienen 17 años, una está embarazada y no se tiene la mínima idea sobre lo que se está haciendo.

Mi vestido fue blanco. Compré la tela en La Parisina en el centro un día que salí de la preparatoria. Había una costurera en la colonia Lucio Blanco que me cobró 400 pesos por la hechura. Resultó un vestido strapless de raso blanco cubierto por organza y un bies delistón blanco al pie, yo misma diseñé mi vestido.

Lo que son las cosas pero después de 10 años de haberlo usado lo doné a una compañera de maquiladora de la señora que me limpia la casa. 21 años, retraso mental ligero y ni una sóla iglesia que quisiera casarla por su discapacidad. Después de varias batallas con algunos sacerdotes logré que la chica pudiera tener la boda que tanto deseaba. Una semana antes de su boda se quemó su casa de madera en Plan Libertador con todo y vestido de novia. Mi vestido fue alterado para ajustarlo a su medida y llegó al altar con él.

El accesorio en el cabello fue una flor blanca como la que mi mamá usó en su boda. Uñas rojas, zapatos blancos de tacón por supuesto, que a los 4 meses de embarazo todavía podía balancearme bien sobre ellos con un mínimo de gracia.

Yo misma manejé la camioneta de mi papá para llegar a mi boda. En la camioneta iban conmigo mis hermanas de 15 y 12 años en aquel entonces. Emocionadas, felices, a final de cuentas aquello era una boda y a cualquier niña de su edad le emocionaba la boda de su hermana.

Mis damas fueron mis amigas, que ahora que lo pienso siguen siendo las mismas. Todas en color rosa palo, cada una con el diseño que quería. Fueron madrinas de arreglos de mesa, para lo que pidieron dinero a sus papás por supuesto, nadie de nosotras trabajaba a los 17 años, la vida era exámenes, paseos a la playa, probar el cigarro, tomar mezcal Tonaya, pintearse la escuela y bajar a La Playita a platicar sobre los sueños adolescentes y todo lo que veíamos en nuestro futuro (nunca tuve la visión de un bebé ni una boda por cierto).

Llegué al lugar, una terraza a la orilla del mar con una vista espectacular en un día perfectamente soleado de abril. Las sillas no habían llegado todavía, cuando llegó el camión de la Tecate los mismos invitados las bajaron, las limpiaron y las acomodaron. El banquete ya se estaba preparando, el Sr. Caborca tenía listo el aceite para las carnitas y su respectivo chicharrón, guacamole, frijoles, salsas, su esposa y paciente de mi papá hizo las tortillas a mano. Mucha cerveza y uno de mis regalos de boda, un cantinero preparando margaritas cortesía de Aurelio Castañeda dueño del bar El Torito y amigo de la familia de toda mi vida.

Miradas de ternura y de lástima, de sorpresa y condescendencia. Una mejor amiga rogándome que no lo hiciera, un presidente municipal recitando la epístola de Melchor Ocampo, un anillo heredado de mi suegra, votos hechos en el momento producto de la excitación del evento y el desconocimiento y enamoramiento adolescente.

Recuerdo abrir una cantidad de regalos impresionante y haber bailado con amigos y familiares. Mi suegro cantó en la boda. Pero lo que más recuerdo fue mi llanto al despedirme de mi papá cuando mi esposo y yo nos retirábamos de la fiesta. Era un llanto que decía muchas cosas, ¨tengo miedo¨, ¨lo siento¨, ¨nunca te voy a perdonar esto¨.

Quisimos llegar a festejar al Señor Frog´s pero al ser el novio el único mayor de edad acabamos en mi nueva casa todos juntos con los amigos echándonos un trago. Un departamento en obra negra al que esa misma mañana le había mi esposo instalado una puerta. Con los invitados todavía festejando mi marido y yo nos fuimos a la cama individual que había sacado de su antigua recámara a descansar, dormí con todo y vestido de novia, caí rendida que casarse es cansado y un poco más con 4 meses de embarazo.

Siempre recuerdo mi boda de una forma extraña, con un poco de nostalgia pero también de lejanía porque esa que se casó ya no soy yo y me parece cada vez tan distante a lo que soy. Me enternece la chamaquita que era y me dan ganas de volver el tiempo y advertirle lo que pasaría, de darle algunos consejos, de abrazarla, de mirarla sin lástima como los demás, de acercarle un poco de agua, de decirle que todo estaría bien de una forma o de otra.

Ahora pienso tanto las cosas. Creo que recupero la brevedad del tiempo que tuve para hacerlo en aquel entonces tomándome con calma todas las decisiones de mi relación. Dos años de relación estable, ahora vivir unos meses juntos y ya veremos … ya veremos. No hay prisa, nada debe suceder de inmediato y me abrumo en cuanto pienso en todo a lo que nos enfrentaremos en la convivencia diaria con un poco de escepticismo.

Hoy encontré una foto de mi boda dentro de un libro y no me reconocí pero verla me hizo recordar todos estos detalles y volver a vivir esos momentos a través de la memoria. Ahora pienso lo que no se pensaba en aquel entonces, porque como dice el personaje principal de Mi Vida Sin Mí de Isabel Coixet, ¨pensar cuando se tienen 17, se está embarazada y una se casa con el único hombre con el que ha hecho el amor simplemente no es una opción¨.

sábado 24 de octubre de 2009

Dogum gunun kutlu olsun

Feliz cumpleaños mi amor.


Blossom Dearie, Try your Wings



Alpha, Sometime Later


Songs for a gloomy saturday ...