Aunque no escriba en el blog siempre escribo en mi cuaderno. O en servilletas o post-its de colores, o en los recibos del mandado o las notas de la tintorería, en los sobres que guardan los mensajitos de mi banco, hasta en mis manos.
Pero desde hace días que ando perdida (donde siempre me pierdo) en mis asuntos. Nada de cosas lujosas ni fancy, ni interesantes ni remotamente entretenidas.
Me ha tenido perdida la cotidaneidad de mis días. El trabajo que no para, las reuniones, las comidas con pretextos de negocios. Poner el árbol de navidad, comprar nochebuenas, las gripas invernales, las conversaciones por Skype con las hermanas y las peleas de siempre con el hombre de siempre.
Cocinar un poco, limpiar un poco, dormir un poco, leer un poco. Todo en poquito, comer poquito, beber poquito, ni siquiera una buena borrachera me ha dado tiempo de ponerme, o de terminarme una cajetilla de cigarros como suicida completamente decidida a lograr su cometido.
Dos talleres de narrativa, uno del que sólo toleré una ¨clase¨ que me dejó francamente decepcionada y asustada por su mediocridad. Otro, buenísimo, del que sólo tuve dos sesiones que fueron una quitándole que alumnos y maestro llegábamos tardísimo por la cruda de la fiesta anterior.
Conversaciones ociosas sobre la hermana que próximamente se casa, que si este o el otro vestido. Que no sabe que mi preocupación es el recibo del agua que tengo atrasado y la gotera del baño? Bueno, ella qué culpa tiene, seguiremos revisando vestidos y combinaciones de colores para la recepción.
Mi ex marido se casa (por fin) y con eso le daré un uso práctico a ese documento llamado divorcio que para mí fue más simbólico que pragmático. Mi naturaleza destructora busca ponerle final concreto a los finales abstractos, el documento fue el que fijó la hora de muerte, la declaración de fallecimiento, el certificado de defunción de mi matrimonio y que ahora le sirve a él para iniciar de nuevo, abrir nuevos ciclos, hacer una nueva vida, meterse de nuevo en las complicaciones cotidianas y monstruosas de la vida en pareja que bueno, hacen a veces a la vida, pues bastante más vivible.
Una esporádica noche de fiesta con las amigas de la universidad que siguen siendo mis mejores amigas. Cerveza, conversación sobre textos académicos sobre definición de la cultura, whisky, conversación sobre análisis del discurso y una ponencia en proceso de creación, a la par de hablar de manualidades navideñas con una compañera maestra de kínder, tequila, conversación sobre hombres y sexo, champaña, delirio sobre la vida, el futuro, el miedo, la frustración y la muerte. Monólogo a tres voces.
Comprar fruta, siempre poca porque eso de ser dos en casa hace que todo sea más pequeño y en menores cantidades. Comprar una licuadora por lo linda que se veía en ese color rojo maravilloso y el antojo de una crema de brócoli que nadie haría por mí, gajes del oficio de huérfana. Trabajar y trabajar cuando se ha terminado de trabajar. Seguir mandando correos, presupuestos, reuniones eternas, pleneación 2010, corridas financieras. En medio un documental que le pone pausa a todo y me devuelve la sonrisa dejándome una marca en el cuello.
Lloro con el vestido de novia de mi hermana-hija que se casa en unos días. En medio de todo padezco los peores fríos en 5 años, muchas cobijas, mucho té, mucha franela, el frío no cesa y mi incapacidad para encender la chimenea sólo genera una mentada de madre al mundo porque nací mujer inútil para encender chimeneas.
Llamadas a migración para ver si ya viene, si le dan permiso de entrar a México. Llamadas a mi Nana para saber si sigue mejor del brazo y si ha cocinado algo rico que pueda ir a robarme. Mensajes de texto para fijar citas y reuniones sociales. Facebook enseña de mi vida lo que quiero que enseñe y nadamás, me entretiene la comunicación unilateral.
Hoy algo pasó, creo que las drogas antigripales combinadas con las otras drogas que ya tomaba y vomito palabras.... ufff me he cansado, aquí están por fin enlistadas mis actividades recientes. Todo con fondo de Billie Holiday.