Como siempre que he estado en esos lugares no había mujeres y sorprendentemente había pocos hombres, creo que era una noche floja. Sillones individuales color negro, una cubeta de cerveza, mesas de centro de acrílico simulando ser espejo. Aquí todo es simular, amor, excitación, diversión. El dinero compra la compañía y los besos.
Un gringo habla interminablemente con una mujer vestida de vaquera sentada en sus piernas sorbiendo un trago color rosa. Ella simula escucharlo mientras le acaricia el cuello y le pasa las manos por el pecho.
Del otro lado hay un grupo de tipos en traje sastre. Cada uno tiene una chava sentada sobre ellos. Es un festín de ligueros, transparencias, cuerpos femeninos asquerosamente exhuberantes y otros tantos penosamente infantiles. Ellos platican entre sí mientras cada una acaricia a su dueño por unas horas, se balancean sobre sus pechos, sus miembros, sacan y meten los senos del traje de malla, se arreglan el cabello, les susuran al oído.
En la pista una mujer de vestido negro. Baila una canción de Nine Inch Nails ignorando completamente el ritmo y la cadencia de la rola. Ella se balancea sobre el tubo, la cadena, como en trance, ignorando a todos. Su cuerpo va quedando al descubierno conforme la música avanza y cambia abruptamente de género. No tiene cintura alguna, sus pechos son tan pequeños que sólo sé que son senos porque a lo lejos se ven sus pezones oscuros como los de cualquier otra morena. Lleva una tanga negra con laque juega un rato con la misma flojera, como rogando que el tiempo pase rápido y por fin pueda bajarse de ese pequeño tablón a media luz.
Yo sigo tomándome una cerveza cuando escucho que me gritan -Mamá!- , dios de mi vida seguro que no es a mí que mi hijo no tiene edad para venir a estos lugares. Una chica vestida de abeja como yo se me acerca emocionadísima porque estamos disfrazadas de lo mismo y pide tomarse una foto conmigo. Que una stripper se quiera tomar una foto contigo es una invitación especial si esto es gratis así que digo que sí, con mi cámara por supuesto. Tendrá 16 o 17 años, seguro que no más. Le digo que no me chingue que con mucho gusto seré su hermana mayor pero que para mamá no me alcanzan los años. Agradece, mueve sus alitas y se despide diciendo que tiene que ir a la pista.
El gerente viene y me invita a bailar con ella en la pista, le digo que no muchas gracias y sonrío. La abeja se balancea torpemente con su cuerpo de niña, cae al piso y se retuerce frente a un grupo de jovencitos gringos que se acaban de acomodar frente a ella. Coquetea con el más guapo de todos, le da un beso en el cuello, se quita el traje de abeja frente a él, se da la media vuelta y sobre la pista le enseña el trasero y sonríe inocentemente, lo ha dejado picado y en un rato saldrán del lugar juntos, tendrá servicio completo.
Una mujer con vestido de bailarina árabe color azul sonríe a lo lejos conmigo y se acerca a conversar porque dice que la noche está floja y no hay muchos clientes. Es blanca de cabello negro, finita, preciosa. Me cuenta que tiene 40 años y me muero de la envidia al ver sus pechos parados de quinceañera totalmente naturales y su vientre plano como la mesa. En las arrugas de la cara se le nota la vida aunque trata de disimularla un poco con el maquillaje. Me cuenta que tuvo un marido que le pegaba al punto de mandarla al hospital. Ella trabajaba en una maquiladora y a veces limpiando casas. Un día le pegó tan fuerte que la dejó inconsciente y cobró porque abusaran de ella sus amigos. Cuando abrió los ojos decidió dejarlo al mismo que tiempo que su trabajo y comenzó a bailar quitándose la ropa. -Bendito Dios que me dio este cuerpo o qué les hubiera dado de comer a mis hijos-. Le hacen seña de que tiene cliente, me da beso en la mejilla y se va a trabajar.
Otra bailarina se acerca a conversar con mis amigas y conmigo. Admira el tatuaje que cubre la espalda de mi amiga y enseña orgullosa los suyos. Un par de alas en la espalda, una media luna bajo el ombligo, una fila de cruces en la zona lumbar, un dragón en la nuca, una sirena sobre el tobillo. No es especialmente bonita ni tiene un cuerpo espectacular. Es demasiado delgada, poco busto, poco trasero pero un cuerpo armonioso y simétrico. Cabello largo hasta la cintura que huele a cigarro y a sexo a metros de distancia. Tiene un caminado especial, como de reina y una sensualidad que derrocha al tomar el cigarro y sonreír, lo tiene natural y es abrumador. Está en perfecto control de sí misma y tiene un poder de seducción que conoce y aprovecha.
A los pocos minutos le toca subirse a la pista y todo cambia. El piso antes pulido por el sudor de las otras chicas se comienza a llenar de billetes de a dólar y de a 20 pesos. Baila precioso y pienso que debe haber tomado clases de jazz porque sus habilidades son impresionantes. Maneja perfectamente su cuerpo, su cabello, la sonrisa, aprovecha todos sus encantos y se muestra ganosa, contenta, excitada. Me acerco a ponerle 20 pesos como muestra humilde de mi admiración -gracias bonita- y sigue bailando contoneándose.
Un shot de tequila cortesía del gerente que no era menos que Don Julio porque estaba delicioso, una cerveza más, mi sillón negro, la abeja se despide ... ha sido una noche interesante.